Desde hace ya varios años oímos hablar de las llamadas noticias falsas (fake news) que inundan el internet y las redes sociales, probablemente conoces a alguien que las comparte en sus estados o en grupos de WhatsApp sin si quiera darse cuenta de que se trata de información falsa y talvez hasta has participado en alguna discusión en persona o en internet acerca del contenido de alguna de estas publicaciones. Hoy en día las fake news y la desinformación son un problema grave que nos afecta a todos. A continuación exploraremos en qué consiste este problema y qué podemos hacer, como consumidores de información, para enfrentarlo.

¿Qué son las fake news?

Se le llama desinformación a la creación y esparcimiento intencional de contenido falso, diseñado para causar daño, y suele estar motivado en tres factores principales: la ganancia económica, influencia política o simplemente por la intención de generar caos. Este tipo de noticias se aprovecha de la inmediatez de las redes sociales y de la falta de verificación por parte de plataformas y audiencias.

Cabe destacar que las noticias falsas no llegaron con el internet ni con las redes sociales sino que estas han acompañado a las sociedades desde hace siglos. La manipulación informativa puede darse en cualquier medio de comunicación, ya sea tradicional o digital. Se trata de contenidos que buscan desinformar a un público específico y manipular la opinión pública.

En la política, en los últimos años, estas se han empleado como una herramienta para desacreditar a opositores y medios críticos de diversos gobiernos, tanto de izquierda como de derecha. Desde su primer mandato, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no ha dudado en calificar de “fake news” cualquier contenido que expresara posturas contrarias a las decisiones de su administración. En México, el “tener otros datos” se convirtió en una de las expresiones más emblemáticas del ahora expresidente Andrés Manuel López Obrador.

El papel de la tecnología

Como mencionamos anteriormente, la manipulación de la información no es algo nuevo; sin embargo, esta práctica se ha visto potenciadda por las nuevas tecnologías de comunicación que hoy dominan la manera en que consumimos información. Las redes sociales, con su inmediatez y falta de moderación, se han convertido en el ecosistema ideal para la proliferación de noticias falsas. Además, los algoritmos alimentan nuestros feeds con contenido que se ajusta a nuestras preferencias, reforzando ideas y opiniones preconcebidas en lugar de exponernos a perspectivas diferentes.

No obstante, la tecnología puede ser una herramienta clave en la lucha contra las fake news y la desinformación. Aunque la Inteligencia Artificial puede generar textos, imágenes y videos falsos, también puede usarse para detectarlos. Además, la ciencia de datos nos brinda las herramientas necesarias para analizar y comparar la cobertura informativa de distintos medios a lo largo de todo el espectro político.

El impacto de la desinformación

En lo social, la desinformación puede erosionar la confianza en los medios de comunicación y en las instituciones, así como dividir comunidades y generar polarización, ya que las personas tienden a compartir información sin verificar su veracidad. También puede influir en políticas públicas o incluso llegar a agravar problemas de salud pública, tal como sucedió durante la pandemia de COVID-19.

La desinformación puede ser utilizada como herramienta de manipulación electoral, influyendo en la opinión pública, o sembrar dudas sobre instituciones y procesos democráticos. Representa una amenaza directa a la democracia, al distorsionar la deliberación pública y condicionar el voto ciudadano.

Algunos estudios apuntan a que, en materia económica, el costo de la desinformación se encuentra al rededor de los 417.1 mil millones de dólares, considerando su impacto financiero, político y social.

¿Qué medidas podemos tomar?

Como consumidores de contenido en la era digital y las redes sociales, el distinguir entre información confiable y desinformación es una necesidad, pues gran parte de las decisiones que tomamos día con día respecto de nuestra salud, nuestras finanzas y nuestra participación democrática depende de ello.

Combatir las fake news requiere de una combinación entre educación y responsabilidad digital, y pensamiento crítico. Contrastar la información en diferentes medios antes de compartirla, identificar si una noticia viene de un medio reconocido o de una fuente anónima, o utilizar herramientas y medios de fact-checking, pueden ser algunas medidas que podemos tomar para minimizar el impacto de este tipo de contenidos en nuestras sociedades y en nuestras vidas.


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