La industria de la música es probablemente uno de los sectores que más hace uso de la PI, comenzando con los derechos de autor o copyright hasta las marcas y otros tipos de signos distintivos. Incluso podríamos incluir a las patentes, dado el constante avance de la tecnología en materia de grabación y reproducción de audio. Por lo tanto, no es de sorprender que los artistas y las disqueras se vean en la necesidad de construir estrategias de PI efectivas, que engloben la totalidad de activos intangibles con las que cuentan y que repercuten directamente en el éxito comercial de sus producciones.

¿Cómo construir estrategias de PI efectivas?

Cuando hablamos de estrategias de PI efectivas debemos preguntarnos qué elementos componen nuestra cartera de activos intangibles y qué buscamos lograr con ellos. En el caso de la industria musical, la respuesta es más o menos clara: los principales activos son los derechos de autor sobre las canciones, así como las marcas que acompañan a los artistas, sus discos, giras de conciertos, etc.

Teniendo tantos activos diferentes es necesario definir estrategias integrales que garanticen la protección más amplia posible a los activos que conforman nuestra cartera, al mismo tiempo que nos permiten sacar el máximo provecho a los mismos.

¿Qué podemos aprender de Taylor y su estrategia de PI?

Taylor Swift no solo ha escrito canciones que marcaron a una generación, sino que también ha sorteado importantes retos en lo que respecta a su imagen y creaciones a lo largo de su carrera. Más allá de los escenarios, nos encontramos con una historia de éxito muy interesante en materia de PI, y su estrategia es tan amplia y meticulosa que hoy podemos verla como un modelo de cómo un artista puede construir y proteger su identidad y transformar su legado en un activo tangible.

Creando identidad

Hoy, Taylor Swift es probablemente una de las artistas más grandes de su era, lo cual ha logrado gracias a su talento, su trayectoria y, por supuesto, a una estupenda gestión de su imagen. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), Taylor Swift ha realizado más de 300 solicitudes de registro de marcas tan solo en los Estados Unidos por medio de su empresa, TAS Rights Management, LLC, mientras que a nivel internacional la base de datos de la OMPI mostraban más de 400 registros en al menos 16 jurisdicciones para agosto de 2025.

Lo primero que sorprende es la amplitud de la estrategia de protección de su imagen. Swift no ha registrado solo su nombre, cada álbum y cada gira cuenta con registro de marca. Incluso los nombres de sus gatos y frases que han resonado con sus fans ya forman parte de este universo protegido. Es como si cada uno de estos elementos formaran parte esencial de su carrera y la diferencian de cualquier otro artista en la industria.

“Taylor’s Version”: cuando el artista no es dueño de su música

En 2016, Big Machine Records, antigua disquera de Swift, decidió vender la totalidad de su catálogo musical sin el consentimiento de la artista, desencadenando un problema legal entre las partes, el cual abarcó múltiples demandas y dio mucho de qué hablar en su momento.

Esta disputa representa un antes y un después en la estrategia de PI de Swift, pues aunque ella seguía siendo autora de sus obras (derechos de autor), su disquera mantenía los derechos sobre las grabaciones originales de las mismas (a esto se le conoce como “derechos conexos”). Es por esto que decide regrabar gran parte de su música bajo el ahora conocido sello de “Taylor’s Version”.

La historia de sus regrabaciones es otro capítulo fascinante. Con ellas, no solo recuperó control sobre sus canciones, sino que usó el registro marcario para diferenciar sus nuevas versiones de las originales, atrayendo el apoyo de sus fans. Se trató de un acto de autonomía creativa y, al mismo tiempo, una lección de cómo las diversas formas que adopta la PI cumplen funciones muy específicas pero complementarias entre sí.

Anticiparse al futuro

Toda actividad económica enfrenta riesgos, y la industria musical no es la excepción. A lo largo de la historia los artistas han enfrentado múltiples escenarios en los que sus derechos o sus intereses se han visto amenazados, particularmente en el campo de la tecnología. La evolución de los medios de comunicación y las tecnologías destinadas a la grabación y distribución de la música son ejemplos de cómo los artistas han tenido que adaptarse a los cambios en la industria.

Hoy en día, la Inteligencia Artificial se presenta como una de las tecnologías más disruptivas de los últimos tiempos, y en el caso del arte, puede representar tanto una oportunidad como una amenaza. Los límites del uso de esta tecnología en actividades artísticas se encuentran en el centro de la discusión, y a pesar de que en gran parte del mundo apenas comienzan a implementarse medidas legislativas al respecto, algunos artistas ya están tomando medidas para proteger sus obras, así como su imagen, y Taylor Swift no lo podría tener más claro.

En 2026, Swift dio un primer paso hacia la protección frente a esta tecnología: solicitó diversas marcas sonoras para proteger su voz y elementos de su imagen frente a imitaciones creadas con inteligencia artificial, pues en un mundo donde las voces pueden clonarse y las imágenes replicarse con solo un clic, ella ya se está preparando, marcando un precedente que seguramente otros seguirán.

Una inspiración para una industria

Lo más interesante es que su estrategia no se queda en ella. Otros artistas como Beyoncé o Billie Eilish han seguido su ejemplo, entendiendo que las estrategias de PI son fundamentales para la correcta gestión y protección de los activos más importantes para todo artista: sus obras y su imagen. Casos como el de Taylor Swift nos dejan dar un vistazo al complejo mundo de la industria musical, así como a un sorprendente ejemplo de la aplicación y el impacto de la PI en el mundo real.


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